miércoles, 20 de marzo de 2013

Más testigos, más historias

  • por Gabriela Cruz del Colectivo La Palta para el Diario del Juicio
18 historias más se suman al centenar de testigos que van pasando desde que la audiencia inició en noviembre del año pasado. En cada palabra, en cada relato, en cada recuerdo, estas personas enfrentan sus dolores más profundos y los exponen con un único fin, alcanzar la justicia. Algunos son sobrevivientes, otros son familiares. Algunos saben con más detalles qué les pasó a sus seres queridos, otros tienen apenas alguna pista de dónde estuvieron. Pero como el dolor no se mide, basta con decir que cada quien, desde su lugar, aprendió a lidiar con las secuelas del cuerpo y del alma.

viernes, 15 de marzo de 2013

Las casas, los objetos y las cosas


por Tina Gardella para el Diario del Juicio

El cuarto juez, el juez sustituto, le preguntó a la testigo por el mobiliario de esa casa de calle Frías Silva que según decía conocer muy bien por haber trabajado allí para una “señora de edad”. Cuando la testigo afirmó que de las dos habitaciones una se ocupaba como dormitorio y que en ese dormitorio había una cama matrimonial y otra cama pequeña, el fantasma de los Araldi-Oesterheld se adueñó del silencio de la sala.
Muebles u objetos, no sólo fueron testigos mudos de la irrupción violenta y la cotidianeidad estallada; también dan cuenta de las tramas y rutinas de la vida familiar. “Cuando cumplí un año, vinieron mis abuelos paternos y festejamos mi cumpleaños en esa casa…tengo una foto que registró ese día”, comenta  al tribunal, atesorando el recuerdo, Fernando, el hijo depositado en la Casa Cuna por las fuerzas represivas.

jueves, 14 de marzo de 2013

Un Tribunal los juzga, una sociedad los condena


por Gabriela Cruz del Colectivo La Palta para el Diario del Juicio


Entre jueves 7 y viernes 8 de marzo se completaron ya las 25 audiencias del juicio por la Megacausa Jefatura II Arsenales II. Pasaron por el Tribunal Oral Federal (TOF) casi un centenar de testigos. Entran, se sientan frente al tribunal y reviven los momentos más dolorosos de sus vidas. Esos recuerdos que por años fueron adormeciéndose para poder seguir viviendo salen, a pesar del dolor, con la esperanza de que de una vez y por todas se haga justicia. Después de 36 años, con algunos olvidos y con otros detalles marcados a fuego en la memoria los testigos hablan, se quiebran y siguen adelante, pretenden nada más y nada menos que un poco de esa justicia que, si bien llega más de tres décadas tarde, al fin llega.