lunes, 26 de diciembre de 2016

NATALIA, SIEMPRE PRESENTE

(Por Ana Melnik)
Natalia Ariñez, nuestra Nati, nuestra compañera Nati, no está ya con nosotros.
La ausencia de Nati es una certeza dolorosa, la confirmación cotidiana de algo que no deja de ser irreal. Porque estoy escribiendo la nota para este Diario que nunca imagine escribir, y porque hablar de ella en pasado contradice asombrosamente su forma de estar presente, ahora mismo.
Nati es presencia que trasciende cada día que pasa.
Fue una de las gestoras e impulsoras de este proyecto de comunicación colectiva. Este Diario del Juicio, que nació como un espacio de socialización de los juicios orales por los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar- y ahora Operativo Independencia-, que tuvo su inicio en el 2012, con la Megacausa Arsenales II-Jefatura II.
Natalia fue una de las editoras de este Diario, junto a Carolina Frangoulis, y administradora de este Blog.
En estos momentos, cuando la recuerdo, pienso en nuestra tarea compartida, en una Nati presente en las audiencias del juicio, semana a semana, mes a mes. Infaltable, fuente de tanto conocimiento, de tanta sabiduría construida a fuerza y dicha de tanta perseverancia militante, de tanto sostener esta lucha. Nati twitteando desde la “pecera”, en cada audiencia, breves misivas sobre el testimonio de las víctimas del genocidio más cruento de nuestra historia, de este Tucumán pasado, tan negado y tan presente. Nati sacando el juicio del recinto, nada menos. Porque precisamente es esta la necesaria causa que sostiene este proyecto, construir memoria a partir de un pasado reciente que vive en los relatos y en la memoria de todxs lxs sobrevivientes, de sus familiares y amigxs, de sus compañerxs de lucha y de militancia. Porque el silencio impuesto, autoimpuesto, nunca pudo cristalizarse en olvido, porque nunca fue suficiente para negar la deshumanización que quisieron perpetrar los genocidas y sus cómplices.
Nati escuchaba con gran atención cada declaración, con esa mirada tan abarcadora, profunda, firme, tan de ella (porque cuando Nati te miraba, te miraba). Y pienso en todo lo que compartimos, transitamos y presenciamos en este juicio. Silencios tan dolorosos, tan largos, silencios de 41 años, los estragos y las tristezas de la negación, de la ausencia, de la experiencia vivida nunca compartida, narrada, nunca denunciada. Y también la denuncia, la palabra que grita por decir, firme, la autoafirmación, sanadora, reparadora, de forzar los silencios, de transformar, de haber transformado, el dolor y las ausencias en lucha, en militancia, en búsqueda de justicia.
La imagen de Nati es la de la fortaleza, la del sostén para construir colectivamente la fuerza para transitar los duelos. Porque en ella aprendí que los dolores individuales se transforman cuando son compartidos. Pues sí existe un camino, buscado y sostenido, distinto al de la soledad, para construir encuentros. Porque las ausencias se tornan presencia viva cuando la memoria es una bandera. Porque Jorge, su papá, es presencia. Porque su lucha tan larga es la de todo un colectivo, de un movimiento, de quienes integramos este espacio y que nos reconocemos profundamente en Nati. Y porque compartirse como ella lo hizo es un poco vivir a contracorriente, enfrentando tendencias idiosincráticas, negacionismos históricos, individualismos y confiando en todo lo que genera sumar y encontrarse con otrxs.
Nati compañera, y también -para mí y en gran medida- maestra. Tantos proyectos truncos. Tanta tristeza, por el anhelo de todo lo que no llegamos a compartir. Nunca fue tan difícil y tan necesario continuar. Estás en nosotrxs, para siempre, en aprendizajes vitales. Faltás porque estuviste tanto, desbordando con tu poner el cuerpo a la militancia. Estás en tus palabras claras, en el recuerdo de tu forma tan linda de decir, de pronunciarte. Estás en la alegría que sostiene la lucha y la memoria. Porque fuiste y siempre serás así…

Claro que no somos una pompa fúnebre, a pesar de todas las lágrimas tragadas estamos con la alegría de construir lo nuevo y gozamos del día, de la noche y hasta del cansancio y recogemos risa en el viento alto.
…porque estamos construidos de una gran esperanza, de un gran optimismo que nos lleva alcanzados y andamos la victoria colgándonos del cuello, sonando su cencerro cada vez más sonoro y sabemos que nada puede pasar que nos detenga porque somos semillas y habitación de una sonrisa íntima que explotará ya pronto…
(G. Belli)

viernes, 9 de diciembre de 2016

La esperanza del regreso a casa...

  • por Hugo Hernán Díaz para el Diario del Juicio
PH Archivo H.I.J.O.S. Tucumán


Lucía del Carmen Astorga, ex vecina de la ciudad de Tafí Viejo brindó testimonio vía teleconferencia desde Rosario el viernes 2 de septiembre, aproximadamente a las 9:45 horas. La misma fue citada a declarar por los hechos que perjudicaran a su hermano mayor, Juan María Astorga.

Juan para el año 1975 estaba casado con Alicia Isabel Pérez y tenían una hija en común, Verónica Paola Astorga.

Antes de que el matrimonio se casara ambos trabajaban en una fábrica de plástico en Tafí Viejo, sin embargo consumada la unión fueron despedidos a causa de que Alicia era una de las sindicalistas más importantes de aquel lugar. Juan continúo su vida laboral en la policía de Tafí Viejo.

Fue una noche del 75 cuando ingresaron a la casa de la familia un grupo de uniformados de verde, buscaban a Gabriel Costilla (cuñado de Alicia, quien antes vivía en esa casa). Al no dar con su paradero finalmente se llevarían el arma reglamentaria de Juan María.

martes, 6 de diciembre de 2016

Noche de luna llena

  • por Andrea Romero para el Diario del Juicio
Homenaje a desaparecidos en los Talleres de Tafí Viejo
PH Carolina Frangoulis


El día jueves 24 de noviembre de 2016 en horas de la tarde declararon por la causa de Segundo Bonifacio Arias sus hijos Teresa, Silvio y Pedro; y su esposa Élida Lorenza Fernández de Arias.

Segundo Bonifacio trabajaba en los ferrocarriles taficeños, de oficio carpintero tenía como hobby poner música en fiestas. El taficeño también conocido como Flecha, Boni o Cabezón, militaba en la Juventud Peronista en aquellos años y fue candidato a concejal suplente por la Lista Verde, en una de las elecciones. Boni fue secuestrado el 14 de febrero de 1976 de su casa en Tafí Viejo en donde se encontraba durmiendo junto a su familia conformada por su esposa y sus cinco hijos, quienes tenían 15, 14, 12, 8 y 1 año en aquel momento.

Entra a la sala con la frente en alto mirando a los procesados, lleva en sus manos un sobre de madera, una imagen religiosa, la última muñequita que le regaló su papá, y la foto de él colgada en el pecho. Ella es Élida Teresa Arias, una de las hijas de Boni quien fue la primera en brindar testimonio sobre el secuestro de su papá. Una vez sentada frente al tribunal realiza los juramentos que forman parte del protocolo judicial y comienza su relato. Teresa tiene grabada en su memoria el recuerdo de que fue una noche de luna llena en la que habían disfrutado un asado en familia unas horas antes del secuestro de su papá. Esa noche se acostó temprano y en medio de la noche su hermano la despertó para decirle que acababan de llevar a su padre.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Los desaparecidos que se buscan con el color de sus nacimientos

  • por Fabiana Cruz para el Diario del Juicio
PH Archivo H.I.J.O.S Tucumán


“Esta es la verdad, no tengo porqué mentir. Es bastante el sufrimiento que pasé y que paso… porque estoy sola en el mundo” Blanca Estela García.

Blanca tiene 76 años y es una testigo sobreviviente de las atrocidades cometidas por la represión en el marco del Operativo Independencia ordenado por María Estela Martínez de Perón. A la fecha del 25 de noviembre de 2016, relató ante el TOF (Tribunal Oral Federal) los hechos que la perjudicaron junto a su hermano Juan José García “Tito”, la esposa de éste Nilda Zelarayán y Francisco Oscar Herrera que por aquel entonces era su pareja.

Corría el verano en el año 1976, el 17 de febrero de aquél año se encontraban en la casa de la calle Libertad al 200: Blanca, Juan José, la madre ambos, Nilda, una pequeña de 11 años y Francisco. En horarios de la madrugada, estaban todos durmiendo cuando un grupo de personas fuertemente armadas ingresaron de manera violenta al hogar, los pusieron contra la pared y comenzaron a preguntar por las actividades políticas de Juan José. Lo que siguió fue la detención de éste, así como también la de Blanca, Nilda que estaba embarazada y Francisco. Luego de vendarles los ojos y atarles las manos, las cuatro personas fueron subidas a dos vehículos separadamente y trasladados a la Jefatura de la Policía.

La mujer recuerda que a partir de ahí, absolutamente todo lo que recibió fue maltrato. En la Jefatura estuvo alrededor de dos semanas recibiendo torturas de las más hostiles que se pueden imaginar. Luego la llevaron al CCD en la ex Escuela de Educación Física –UNT- (hoy facultad) situada en el Parque 9 de julio, en donde percibió que había más gente en las mismas condiciones que ella. Durante la detención en este Centro Clandestino Detención, un día logró bajarse la venda y desde ahí la imagen que vio le quedó grabada en su memoria para siempre: estaban todas las paredes llenas de sangre.