viernes, 24 de febrero de 2017

Un sólo andar en busca de justicia

Por Fabiana Cruz y Hugo Hernán Diaz para El Diario del Juicio
El día viernes 17 de febrero testificaron por videoconferencia desde la 1º Cámara Federal de Córdoba Mirta Amanda Juárez y Antonio Alberto Farfán, por la desaparición del hijo de ambos, Víctor Orlando Farfán durante febrero del año 1976, mientras era ejecutado el “Operativo Independencia” en la provincia de Tucumán.
Víctor Farfán llegó a Tucumán en el año 1976, apenas unos meses  antes había egresado de una escuela de San Salvador de Jujuy. “El gringo” jujeño, era el mayor de 8 hermanos y tenía 20 años de edad. Su sueño era ser doctor por lo que se inscribió en la carrera de medicina en la UNT. En relación al lugar donde residía, encontró alojamiento en la Casa de Estudiantes Jujeños situada en la calle Maipú.
Fue la calurosa noche del 20 febrero de 1976 cuando Víctor y sus compañeros de estudio salieron a distenderse, el lugar elegido fue un bar que se ubicaba en la intersección de la Avenida Mitre y Sarmiento.
Entre los que conformaban el grupo de la salida estaba Juan Ángel Baca, estudiante de abogacía y también jujeño. Aquél día, la mirada de Baca se quedó en su reloj de mano por un instante, la aguja de menor tamaño marcaba el nueve, y la de mayor dimensión, el seis. Al levantar la mirada alcanzó a ver a un grupo de policías que de forma prepotente ingresaron al lugar. Estos exigieron de inmediato documentos a los muchachos presentes. La cara de los jóvenes vaciló entre sorpresa y miedo. Más de uno revisó sus bolsillos en búsqueda del cartón solicitado, la cara de desilusión tras la búsqueda fallida no se hizo esperar. Aquellos que no tenían DNI quedaron detenidos a partir de ese entonces, el café estaba siendo muy amargo esa noche. Fueron todos trasladados a la Brigada de Investigaciones de la Provincia de Tucumán
La familia de Víctor se enteró de la detención a través del padre de Baca. De inmediato, Antonio Alberto Farfán estaba en camino a Tucumán. Fueron numerosos los destacamentos visitados para poder encontrar al joven con vida. Todas las respuestas eran negativas, no había solidaridad para con un padre que no sabía el paradero de su hijo.
Tras quince días de secuestro, Ángel Baca fue liberado junto a otros jóvenes y su voz no tardó en hacerse escuchar.  Denunció ante un escribano público los métodos que utilizaban los torturadores, el personal que llevó a cabo la operación y dio nombres de los otros compañeros detenidos, además de señalar el lugar donde se encontraba detenido Víctor Farfán: la Brigada de Investigaciones de la Provincia de Tucumán. Declaró que durante la detención, se encontraban todos con los ojos vendados, y que se comunicaban en voz baja cuando podían. Luego de la testificación de Baca, su padre consciente de los malos tiempos, decidió resguardarlo, por lo que juntos abandonaron la provincia. Salta fue el lugar elegido para el refugio del joven. No obstante, tras un par de días, Ángel Baca desapareció por segunda vez y hasta el día de hoy se desconoce qué pasó con él.
El doctor Ángel Pisarello, uno de los únicos abogados que defendía a presos políticos en aquella época, le había dicho a la familia Farfán que Víctor se encontraba efectivamente detenido en la Brigada y que el muchacho prestaría declaración, siendo éste su defensor. La esperanza de los Farfán duró poco. Como si a un golpe le llegara uno peor, horas antes de la declaración, el abogado fue secuestrado, teniendo una de las muertes más trágicas dentro de las memorias tucumanas.
La familia quedó totalmente desamparada, presentó varios recursos de Hábeas Corpus sin que estos tuvieran efectos positivos. Antonio, le escribió una carta al Ministerio de Seguridad solicitando información para poder ubicar a su hijo. Este organismo, le confirmó que  Víctor había estado preso, pero que se había ‘escapado’, por lo que se encontraba en calidad de prófugo.  Mirta, su madre, con impotencia y entre lágrimas repetía al Tribunal de Tucumán por videoconferencia “¿cómo se iba a escapar? ¡No había manera!”.
Los Farfán, a sabiendas de la situación peligrosa que los envolvía, se mudaron a la provincia de Córdoba para tener una vida más segura y menos dolorosa. Pero nunca más tuvieron noticias sobre Víctor Orlando Farfán, por lo que continúa desaparecido. 

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