miércoles, 1 de marzo de 2017

El negacionismo y sus variantes

Por Tina Gardella para El Diario del Juicio
Como las olas. Van y vienen. Como las olas. Así son los intentos por negar y ocultar  los crímenes cometidos por el terrorismo de estado. No se trata de los imputados que están siendo juzgados en los juicios de lesa humanidad, muchos de los cuales desarrollan cuidadosos y puntillosos descargos sin nada nuevo por agregar a las causas. Sino del poder político representado por quienes ejercen funciones gubernamentales,  como así  también por actores socio-culturales-políticos  que manifiestan, en el mejor de los casos, desconocimiento cabal del proceso de construcción de memoria, verdad y justicia y desconocimiento de la gravedad ideológica de la actual coyuntura neo liberal en nuestro país.
El “negacionismo” como se conoce a la tendencia a negar los crímenes cometidos por el terrorismo de estado y que surgiera en virtud de negar los crímenes del nazismo contra los judíos, adquiere formas diversas que van desde negar el número de los 30 mil desaparecidos hasta la famosa teoría de los dos demonios que estafa a la memoria histórica al no decir nunca que detrás del asalto al gobierno hubo un plan económico a instalar de transferencia de recursos de los sectores asalariados y de los más empobrecidos hacia los más poderosos.
Pero esto, que no es nuevo, tiene en esta etapa de gobierno neo liberal, otras formas y adquiere nuevas dimensiones cuando lo político se expresa de manera mezquina en su lectura de relación de fuerzas y necesaria acumulación de poder.
Menoscabar a los diferentes organismos de derechos humanos, relacionarlos con coyunturas jurídico/políticas y hasta interpretarlos por ausencias y/o presencias en recintos judiciales de hechos que fueron de notoriedad pública, es una forma otra de negar que el motivo verdadero del terrorismo de estado fue instalar un plan sistemático de exterminio de los opositores con el objetivo de re formular la economía y la política y por lo tanto violentar todo proceso de construcción de soberanía política, económica, social y cultural.
El juicio del Operativo Independencia que se sustancia en Tucumán en estos días, pero además todos y cada uno de los 12 juicios que contaron con la presencia diaria y sistemática de familiares y militantes de organismos de derechos humanos, pero también de estudiantes y periodistas, pueden dar cuenta de las dificultades de poder trabajar con la comunidad tucumana en general, las formas del “negacionismo” en la provincia y de los esfuerzos de quienes asisten a las víctimas y sus familiares, colaboran con la recolección de pruebas, ayudan a debatir y reflexionar y llevan información de lo sucedido en las audiencias, para construir colectivamente el rompecabezas de una sociedad atravesada  por el terror.
Es cierto que el camino transitado a nivel nacional e internacional torna improbable que prosperen planteos negacionistas. Pero minan y desgastan las fuerzas populares. Por eso y para ello se las instala desde quienes detentan el poder y no están dispuestos a que se llegue a los civiles con los juicios de lesa humanidad.
Lo que se torna difícil de explicar es que fuerzas políticas que ideológicamente comprenden  los objetivos del negacionismo,  se sumen con sus estrategias esencialistas de identidad política a la crítica casual, al golpe bajo, a las exigencias panfletarias como si el campo popular fuera lo mismo en un gobierno u otro.

Se acerca un 24 de marzo emblemático, y estaría bueno que ese campo popular esté configurado por olas que van y que vienen de acumulación de poder, no de intentos vanos de impunidad o mezquindades políticas que terminan justificando esa impunidad.

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