sábado, 18 de marzo de 2017

Inspecciones oculares – Policía Federal y Hospital Militar.

Por Fabiana Cruz y Hugo Hernán Díaz para El Diario del Juicio.

A media mañana y bajo una llovizna intensa el tribunal a cargo del Juez Gabriel Casas se constituyó en primera instancia en calles Santa Fe y Maipú (sede de la Policía Federal). Allí aguardaba Lilian Reynaga, quien estuvo prisionera en aquella institución entre el 22 y el 26 de julio de 1975, trasladada posteriormente al “Buen Pastor”.
La mujer ya había exigido en oportunidades anteriores que se tome en cuenta la labor de la PF, funcional al Operativo Independencia. “¿Por qué la Policía Federal quedaba tan tapada? Acá torturaron muchísima gente, y entro esos muchos estuve yo”.
Ya dentro del lugar Lilian recorrió y reconoció los espacios (celdas, habitaciones, escaleras, oficinas) donde fue torturada y a pesar de lo fuerte del momento lo consideró necesario; una reivindicación que tenía que darse. Si bien el edificio sufrió muchos cambios en la infraestructura aún queda el olor de la injusticia, el dolor y la sangre derramada injustamente por los compañeros. 
Finalmente en diálogo con la prensa la manifestó: “Esto es parte de seguir buscando la verdad”.
Ph Elena Nicolay


Unas desvencijadas construcciones en las calle Italia y Viamonte, distan mucho de lo que fueron en el pasado: el Hospital Militar de Tucumán. Aquellas estropeadas paredes, los herbajes crecidos sin reparo y la lluvia que no cesaba, creaban un clima de frialdad en un contexto donde tres testigos explicaban la funcionalidad de esas estructuras en el año 75 durante el Operativo Independencia. Se trata de Rubén Juárez, Roberto Mario Sosa y Guillermo D’Hiriart. En ese tiempo Rubén había cumplido la conscripción y debía prestar servicios en el Hospital Militar, siendo encargado de manejar la ambulancia que trasladaba heridos y muertos. Recuerda bien el hospital y cómo estaban dispuestas las diferentes áreas; habían oficinas administrativas, un espacio físico donde depositaban los heridos en camillas, una morgue que también funcionaba como laboratorio, y también una pista donde estacionaban helicópteros que traían como carga personas muy heridas y otras ya fallecidas. El hombre señaló cada uno de los lugares y llevó a la comitiva de jueces, abogados y periodistas a cada punto para que todos pudieran observar aquéllos sitios siniestros. Rubén contó también que existía una "piletita" donde se lavaban los cuerpos que llegaban, la cual ya no se encuentra como muchas otras instalaciones. Además, explicó que la atención médica era tanto para los heridos por el operativo como para los familiares de militares.
Roberto Mario Sosa es un testigo sobreviviente, fue detenido ilegalmente en el año 75, recibió torturas y debido a una herida de bala estuvo internado en el hospital militar. El hombre declaró por la misma causa en octubre de 2016. Sosa relató ante todos que luego de ser hostigado cruelmente en la Jefatura de la Policía, fue trasladado al hospital militar, en donde le ataron los pies a una camilla, además destacó que la enfermera que lo cuidaba “tenía muchísimo miedo” cuando aparecían los militares. Aquélla mujer le había preparado un café, y luego de tantos padecimientos, para él había sido “el café más rico del mundo”.
Ph Elena Nicolay
Por otra parte, Guillermo D’Hiriart quien también ya declaró en la megacausa por la desaparición de su hermano José D’Hiriart, habló a los jueces y abogados acerca de las cuestiones que tuvo que sobrellevar su padre en la búsqueda del cuerpo de José. La familia nunca descansó y recolectó información con los nombres y apellidos de todo el personal que trabajó en el hospital, donde quedó registrado el paso de José por la institución así como su fallecimiento. Sin embargo nunca pudieron recuperar el cadáver, por lo que continúa desaparecido.


Cada uno de los testigos que hizo el recorrido por el hospital militar estuvo acompañado por algún familiar, que al finalizar la jornada dio el abrazo reconfortador. Los escombros y el cielo gris, acompañaron una frase que se escuchó en uno de los pasillos: “cuánto dolor hay aquí”.

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